Editoriales
DOOM SCROLLING Y SCROLLING INFINITO
En los últimos años, las redes sociales han transformado radicalmente nuestra forma de interactuar con la información y, sin darnos cuenta, han creado una nueva adicción que afecta tanto a nuestra productividad como a nuestra capacidad de concentración. Uno de los fenómenos más notables relacionados con este cambio es el “doomscrolling“, una práctica que involucra desplazarse de forma continua por noticias negativas, generalmente en plataformas como Twitter, Facebook e Instagram o “el Scrolling infinito” que al igual que el anterior es un desplazamiento continuo sin parar en las redes, la diferencia es que no está centrado en noticias negativas sino en todo tipo de información que nos genera nuestro algoritmo. Esta actividad no solo consume gran parte de nuestro tiempo, sino que también tiene un impacto profundo en nuestra relación con otros medios de entretenimiento, como la televisión o de interacción con las personas.
Específicamente, el doomscrolling se refiere al acto de revisar de manera compulsiva las noticias o publicaciones en línea, especialmente aquellas que son pesimistas o alarmantes. Este comportamiento alimenta una sensación de ansiedad y desesperanza, ya que constantemente estamos expuestos a sucesos negativos, desde crisis políticas hasta tragedias naturales. Sin embargo, esta necesidad de mantenerse informado se ha vuelto más que una búsqueda de conocimiento, transformándose en una adicción.
El Scrolling Infinito se refiere al acto de revisar de manera compulsiva las publicaciones, pero no las negativas como el doomscrolling sino las que nos aparecen como temas de interés. Las plataformas de redes sociales, con su algoritmo diseñado para mantenernos enganchados, nos incitan a seguir desplazándonos sin descanso.
El efecto de este hábito en nuestra capacidad de concentración es notable. El doomscrolling y el scrolling Infinito ha entrenado a nuestros cerebros a esperar gratificación instantánea y dosis rápidas de información. Esto, a su vez, afecta nuestra capacidad para consumir contenidos más largos o complejos, como programas de televisión o películas. Al llegar a la pantalla del televisor, la decisión de qué ver se vuelve cada vez más difícil. La inundación de opciones, sumada a la falta de paciencia adquirida por el doomscrolling y/o scrolling infinito, nos lleva a cambiar de canal o de plataforma de forma constante, incapaces de mantener la atención durante períodos largos.
El televisor, que antes era el principal medio de entretenimiento, ha comenzado a perder terreno frente a la inmediatez y accesibilidad de las redes sociales. En lugar de ver una película o una serie que requiere atención durante 90 minutos o más, las personas se sienten atraídas por contenidos rápidos, como videos cortos, memes o noticias. Este cambio de hábitos no solo afecta nuestra capacidad de decidir qué ver, sino que también impacta en la calidad de las experiencias que elegimos consumir. Las personas pasan más tiempo navegando de un video a otro en plataformas como TikTok o Instagram, y cuando finalmente se deciden a ver algo más largo, se sienten inquietas, como si estuvieran perdiendo el tiempo o buscando algo más entretenido.
El fenómeno refleja cómo las redes sociales han modificado la forma en que percibimos el tiempo libre y el entretenimiento. La gratificación instantánea proporcionada por la continua actualización de contenido nos ha dejado con una atención fragmentada, dificultando nuestra capacidad para disfrutar de actividades que requieren un enfoque sostenido, como ver una película en su totalidad o incluso mantener una conversación profunda. La sensación y dificultad de estar “desconectados” por completo mientras vemos la televisión o disfrutamos de otro tipo de ocio se ha vuelto cada vez más común; inclusive en reuniones sociales se ven personas interactuando con otras, hablando, respondiendo el tema expuesto pero a su vez mirando el celular y haciendo scrolling infinito, no notan que no hacen contacto visual y la persona receptora siente que esa conversación no es del interés o simplemente no le esta poniendo atención, es vital no perder el “eye contact”, es sinónimo de interés, empatía y cordialidad con el otro.
El reto, entonces, es cómo balancear el uso de las redes sociales y evitar que el scrolling se convierta en una adicción que nos robe la capacidad de concentrarnos y disfrutar de otros medios. Es necesario recuperar nuestra capacidad de atención y la habilidad de tomar decisiones de entretenimiento sin la constante influencia de la inmediatez digital.
En conclusión, las redes sociales y el scrolling han creado una nueva forma de adicción que afecta nuestra forma de consumir entretenimiento y afecta nuestra capacidad de concentración. A medida que nos sumergimos en este ciclo, debemos ser conscientes de cómo estas plataformas moldean nuestros hábitos y trabajar para encontrar un equilibrio que nos permita disfrutar de una vida más plena y menos distraída, además de disfrutar mas a las personas de alrededor, interactuar de nuevo mirando a los ojos, captando los sentimientos del otro como una buena risa, un buen comentario, una buena enseñanza, sintiendo que la conversación es humana y no por salir del paso, el scrolling infinito dejémoslo para entretención en la soledad pero no para nuestras reuniones sociales e interacciones con las personas.
Andres Hoyos
Febrero 2025